El martes las telefonistas se volvieron locas. A las acostumbradas llamadas de los lectores se sumaron las de anónimos denunciantes. "Tenemos varios llamados con quejas porque los jubilados se desmayan antes de cobrar", avisó "Gracielita".
El termómetro del mediodía había pasado la marca de los 30 grados y la cola de los abuelos se estiraba. Los cuerpos y la paciencia no aguantaban como tampoco daban abasto las manos de los cajeros para contar con precisión los billetes que debían poner en las manos ansiosas, pero gastadas.
El cronograma estaba; la plata estaba; los jubilados estaban, pero faltaban los días para poder cumplir con las obligaciones previstas oportunamente.
Es que los feriados no riman con jubilados. Las mini vacaciones que se han establecido no siempre los encuentra con fuerzas, con ganas o con dinero para salir. Juntan todas las energías para ir a cobrar, pero es allí donde los feriados les juegan las segunda mala pasada al concentrar a muchos más colegas que no pudieron ir hasta la ventanilla el día establecido porque se dispuso el descanso. El vértigo de Internet que ayuda a llevar las cuentas desde el cyber y la atención a los abuelos, es la deuda interna que nunca sale del default.